El papel y tu nombre.
Escribí tu nombre en un papel blanco porque lo tenía grabado en mi mente, como no encontraba forma de borrarlo lo escribí seguido muchas, muchas veces.
De tanto escribirlo, más se fue grabando, cerré los ojos pensando en tus labios y cuando soñaba tenerte en mis brazos, el papel el viento se llevó volando.
Y hubiese querido que también el viento te hubiese arrancado de mi pensamiento, pero solamente me quitó el papel y tu nombre escrito se llevó con él.
Y seguí pensando en ti largo tiempo en tu piel morena, en tu pelo negro, como no te fuiste de mi pensamiento empecé a escribirte estos cuatro versos.