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Mostrando entradas de enero, 2010
A peor
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Cuando te miré a los ojos supe que habíamos cambiado, y que seguramente lo habíamos hecho a peor. Y digo peor con todas sus consecuencias y de forma consciente, y lo digo porque ya no nos duele mirarnos y que no haya nada, porque hemos dejado de importarnos, porque nos hemos rendido. A pesar de todo, te miré y estabas a mi lado. Es una pena que no hayas estado aquí nunca más, que tu rendición haya sido tan evidente... porque estoy segura de que podríamos haber conseguido cambiar a mejor.
Alma fuerte.
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No te des por vencido; ni aún vencido no te sientas esclavo; ni aún esclavo. Trémulo de pavor piénsate bravo y arremete feroz ya malherido. Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo; no la cobarde estupidez del pavo que amaina su plumaje al primer ruido. Procede como dios, que nunca llora, o como lucifer, que nunca reza, o como el robledal, cuya grandeza necesita del agua y no la implora. Que muera y vocifere vengadora ya rodando en el polvo, tu cabeza. Pedro Bonifacio Palacios
Puentes.
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¿Cuántos puentes has cruzado en tu vida? El momento de enfrentarte a él es el que más asusta, el poner el primer pie sobre él y dar el primer paso. El instante en el que la mitad de nosotros todavía no está sobre el puente; cuando lo más fácil sería perder el equilibrio o volver atrás, es en ese momento en el que ignoramos el verdadero grado de estabilidad del puente cuando necesitamos recordar porqué estamos cruzando, lo que queremos dejar atrás. Podría pensarse que a fuerza de cruzar muchos se aprende a no tener miedo, se puede dominar una técnica, sin embargo cada puente es distinto, cada puente es más largo y frágil que el anterior. No hay experiencia posible en el arte de cruzar puentes. A veces, después de planear los pasos que nos han de llevar al otro lado, hay que cerrar los ojos y mantener el paso firme para poder hacerlo. He cruzado algunos puentes en mi vida y sé que después de éste habrá más puentes, pero todos ellos los cruzaré, sin duda.
Odio a la gente gris.
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No me fío nada la gente que cae bien a todo el mundo, siempre he preferido a las personas raritas, las que se salen de lo normal; las personas que creen que su vida es un éxito no me interesan en absoluto porque no me las creo, son un fraude. Me gusta la gente que se equivoca, la que tropieza y que vuelve a empezar de nuevo. Me gusta la gente con sus defectos, que se ríe de ellos y que no intenta esconderlos; la gente que piensa más que actúa, la gente con sus miedos e inseguridades; y no soporto a la gente gris Conozco personas que estaban llenas de color… pero ahora se han vuelto grises Lucharé por no volverme gris yo también, aunque desentonemos
SECRETOS.
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Si pudiéramos conocer los secretos de todas las personas que nos encontramos en el camino, estoy segura de que nos encontraríamos con que la carga sería insoportable, muy difícil de llevar. Además, por otro lado, saber que quienes nos rodean ignoran nuestros propios secretos nos proporciona una rara sensación de seguridad.
Es el destino.
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La vida no siempre me sonríe, pero he optado por sonreírle yo a ella… Aunque muchos pasos sean difíciles hay que caminar, aunque dé miedo hay que plantar cara… duele un poco, pero es lo mejor. Me caigo, me duele, me levanto, cada paso me recuerda mis rodillas lastimadas pero sigo andando. Hay que seguir. No voy a dejar que nada me arrastre. No me dejaré vencer por un desengaño y unos arañazos. La vida salta por los aires cada poco tiempo, estalla, y no quiero encerrarme en la lamentación con el problema. Tengo dentro la extraña convicción de que el tiempo pone las cosas en su lugar y de que todo tiene un enrevesado, complejo e inexplicable porqué. Ese es el destino; golpearse, llorar lo necesario y recuperar la esperanza de que algo mejor nos espera para sorprendernos a la vuelta de la esquina. De todo se aprende, pero sobre todo de lo errores cometidos.
Lo que yo quería.
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Lo único que yo quería era darle un sitio donde volver, caminar a su lado sin necesidad de hablar, construir algo con lo que sentirnos fuertes… Era lo que yo creía tener, pero la evidencia dice que era otra cosa que no valía tanto la pena como yo creí. Y sin embargo, siempre creeré que era algo de valor.