Despedidas.

En la penumbra, te observo. En pocas horas me dirás adiós, y mientras nuestros caminos se separan definitivamente, intento imaginar cómo podré volver a caminar por las calles que recorrimos juntos, cómo haré para respirar el aire que ahora siento escapar fuera de mí, de qué forma lograré recomponer mi alma, rota en mil pedazos
Me acerco a la ventana, con sigilo; no quiero despertarte, no vayas a apresurar tu partida, y a través de las cortinas miro el cielo radiante, los pájaros revoloteando entre los árboles, los niños jugando en el parque, la gente caminando, nadie sospecha que el mundo nunca volverá a ser como ahora. Nada será nunca igual, los colores van perdiendo su brillo, los sonidos se van apagando, la luz se vuelve difusa.
Vuelvo a tu lado, e intento grabar en mi memoria cada detalle: el pliegue de tu codo, la forma de tus dedos, el ritmo de tu respiración, la curva de tu espalda… Quiero llenarme de tu recuerdo, pues sé que, muy pronto, no habrá nada más.
Abres tus ojos y me sonríes, como un niño confiado sin miedo al futuro, y me susurras promesas vacías, me cubres de besos sin sentido, abrazas mi cuerpo como si te perteneciera, y me ahogo, no puedo respirar; te regalo un último beso y salgo de la habitación, antes de hundirme por completo en tu abismo.

Entradas populares de este blog

Me desquicia

Horóscopo Wuykü.