Silencio.

   Hoy amanecí con ansias de acariciarte mientras un ruiseñor volaba al compás del día, como cuando mis labios anhelan besarte. Y en felicidad se transformaba la palabra melancolía, la luz del sol era nuestra aliada y eternos se hacían nuestros momentos juntos, mientras mi ser te disfrutaba cada segundo al sentir tu alma enamorada. A veces te sentí tan distante que pensé dejar todo atrás, pero ¿Cómo iba a olvidar que un día me decidiste amar? Entonces preferí soñarte, guardar junto a mi tus recuerdos donde nunca dejé de pensarte. Porque fuiste en mi el más hermoso lucero, al morir el alba o asomarse el ocaso hombre, como te anhele a mi lado; y mientras pedía a Dios a gritos callados que me diera una esperanza descubrí que a mi amor no podía gritarlo.

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