La felicidad no depende de lo que pasa nuestro alrededor, sino de lo que pasa dentro de nosotros; la felicidad se mide por el espíritu con el cual nos enfrentamos a los problemas de la vida. La felicidad es un asunto de valentía; es tan fácil sentirse deprimido y desesperado. La felicidad es un estado de la mente. No somos felices en tanto no decidamos serlo. La felicidad no consiste en hacer siempre lo que queremos; pero sí en querer todo lo que hagamos. La felicidad nace de poner nuestros corazones en nuestro trabajo y de hacerlo con alegría y entusiasmo. La felicidad no tiene recetas; cada cual la cocina con la sazón de su propia meditación. La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida.
Me desquicia
Hay dos cosas que me sacan especialmente de quicio: la estupidez y una mala mentira. La primera me agota. Es incomprensible, es impredecible: nunca puedes saber lo que un verdadero idiota está pensando. Y la mentira me desagrada no porque falte a la verdad. Lo que me molesta son las malas mentiras, porque a parte de lo de que "traicionan tu confianza y bla, bla, bla..." que piensen que te las vas a creer es un insulto.